Palabras inauditas murmuran mis labios,
mientras versos condenados brotan de mi mente.
Tus labios, paraíso extraño, me permanecen vedados:
Castigo insufrible para el deseo insatisfecho.
Un largo y trémulo aullido de mi alma,
negra sombra de desolación acusada,
surge infinito desde lo hondo:
Es amargo no tenerte y aun más temerte.
Temores inquietos me asedian:
No quiero ni puedo perderte pero,
malditos los hados del destino,
¿cuándo hube a bien tenerte?.
La noche oscura del alma es tenaza,
la tenaza eterna que me aprisiona, me retiene.
No sé si hago bien en querer olvidarte pero,
quiera o no, no te marchas de mi.
Y no estarás más, y yo no estaré sin ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario