miércoles, 23 de noviembre de 2011

La confusión permanente.

Palabras inauditas murmuran mis labios,
mientras versos condenados brotan de mi mente.
Tus labios, paraíso extraño, me permanecen vedados:
Castigo insufrible para el deseo insatisfecho.


Un largo y trémulo aullido de mi alma,
negra sombra de desolación acusada,
surge infinito desde lo hondo:
Es amargo no tenerte y aun más temerte.


Temores inquietos me asedian:
No quiero ni puedo perderte pero,
malditos los hados del destino,
¿cuándo hube a bien tenerte?.
La noche oscura del alma es tenaza,
la tenaza eterna que me aprisiona, me retiene.
No sé si hago bien en querer olvidarte pero,
quiera o no, no te marchas de mi.


Y no estarás más, y yo no estaré sin ti.